Hoy 15 de mayo nuevamente estamos celebrando el Día de la Jueza y el Juez. Pero en esta oportunidad, de un modo distinto, en un entorno que nos lleva a una reflexión profunda, y por qué no decirlo, cargada de variadas emociones. 

En los últimos meses hemos vivido duras experiencias, producto de las contingencias en nuestro país. Así enfrentamos el estallido social y luego esta crisis sanitaria sin precedentes. Estas condiciones nos obligaron a recurrir a todas las herramientas personales y profesionales que teníamos, tratando de sacar lo mejor para cumplir nuestra función.

En el primer escenario tuvimos que robustecer nuestro rol de garantes de los derechos humanos. La sociedad exigía cambios estructurales con carácter de urgencia, todas las alertas de protección de la democracia se activaron y en aquellos meses turbulentos, ustedes, juezas y jueces del país, supieron actuar a tiempo, con escasas o nulas medidas de protección personal, por deficiencias institucionales. Con la convicción de que debían cumplir el rol que juraron: “resolver conflictos con apego a la ley y la constitución”, paradojalmente la misma carta fundamental que había perdido legitimidad para quienes estaban en sus salas, esperando justicia.

Luego, sin solución de continuidad, arremete esta pandemia que viene a encender las alarmas en todos los ámbitos de la sociedad. Tuvimos que reinventarnos, aplicar ingenio y colaboración, actuar como grupo cohesionado para apoyarnos unos con otros, asumiendo tareas no acostumbradas, pero sin dejar de lado nuestra función.

Desde nuestra Asociación Nacional de Magistrados solicitamos tempranamente proteger la salud de quienes trabajan en tribunales, juzgados y cortes instando a trasladar el trabajo presencial a los hogares. Hoy, cuando veladamente nos presionan para asumir funciones presencialmente, hemos elevado un petitorio fuerte y claro de medidas que garanticen un retorno sin correr riesgos innecesarios. Hemos pedido formar mesas de trabajo para elaborar protocolos que permitan un retorno paulatino y seguro. No estamos dispuestos a que se vulneren los derechos de ningún trabajador judicial.

Sin duda un año duro, que nos debe fortalecer en la función, pues en estas situaciones límite es cuando vemos lo indispensable.

Pero también un año donde podemos sentirnos orgullosos de nuestro rol en la sociedad. Tradicionalmente en esta fecha, entregamos el premio Hernán Correa de la Cerda que con méritos de sobra recayó en la jueza civil Isabel Margarita Zúñiga Alvayay como Mejor Asociada, la que con su alegría nos motiva a seguir; esa energía que permitió mantener a Punta Arenas más cerca y que nos ha comunicado con los jueces y juezas civiles de Santiago, liderando ahora la Comisión de Derechos Humanos y Género.

Por otra parte, este año fue particularmente difícil la elección de la mejor Regional. Por ese motivo dos han sido las destacadas, la Regional de Copiapó, que demostró energía de renovación y participación y la Regional de Concepción, no solo por la gran Convención que nos acogió el 2019 sino por su constante participación en actividades de represen- tación en Comités, Comisiones y las actividades de éstas. Para nuestros galardonados un cariñoso saludo y sobre todo agradecimiento por su compromiso y entrega que ha permitido que año a año este gremio ocupe un lugar relevante en el quehacer jurídico, mientras, esperamos con ansias el momento de poder celebrar y abrazarnos personalmente.

Agradezco el compromiso de ustedes a la hora de cumplir su labor, aun asumiendo variados riesgos, de los que, por ahora, hemos salido indemnes.

Hoy estamos todas y todos y quiero que sigamos así.

¡Feliz Día del Juez y la Jueza!

María Soledad Piñeiro Fuenzalida

Presidenta ANM