En Uruguay e Italia se ha avanzado así para asegurar la supervivencia de empresas y la mantención de los puestos de trabajo en la pandemia.

El panel de esta segunda ronda de debates sobre políticas y regulación laboral en medio de la crisis sanitaria, organizado por La Asociación Latinoamericana de Jueces del Trabajo (ALJT) y el Instituto de Estudios Judiciales (IEJ), estuvo integrado por representantes de Italia, Chile y Uruguay: Rosina Rossi, jueza uruguaya del Tribunal de Apelaciones en lo Laboral y Directora del Centro de Estudios Judiciales de su país; Daniela Marzi, abogada y profesora de derecho laboral de la Universidad de Valparaíso y el especialista y catedrático en derecho del trabajo de la Universidad de Roma, profesor Stefano Bellomo, panel que fue moderado por la magistrada Elena Pérez, jueza titutal del Juzgado del Trabajo de Antofagasta y especialista posgraduada en la misma disciplina.

Un foro rico en matices que sucedió al del pasado jueves (Casos de Argentina, Brasil y España) en el que se abordaron las estrategias de emergencia que han tomado diferentes estados para proteger tanto al trabajador subordinado como al autónomo en este nuevo mundo regido por el Covit-19. Un intercambio de experiencias que permitió abordar desde la implementación de leyes pasando por el rol de los sindicatos hasta el protagonismo que han alcanzado las labores a distancia, tanto el llamado “teletrabajo” como el “trabajo ágil”, modalidades que las empresas e industrias de Italia podrían adoptar pos pandemia de manera más estable y generalizada.

Del estallido social a la pandemia

Hace muchos años que la herramientas tecnológicas han venido a cambiar la forma en que se prestan los servicios subordinados. Sin embargo no fue sino hasta ahora, en el marco de una pandemia que vino a modificar de una día para otro las relaciones laborales, que la tecnología se instala como una alternativa forzosa para asegurar la continuidad de empresas e instituciones del sector público y privado.

En este segundo encuentro virtual se ahondó en el trabajo remoto cuya implementación ha significado definir marcos regulatorios hasta ahora inexistentes y pensar en un cambio organizacional que podría promoverse con posterioridad a la pandemia.

Abrió la exposición la Doctora en derecho laboral Daniela Marzi comenzando con una reseña del estallido social chileno que se remonta al mes de octubre de 2019.

“En eso estábamos en Chile, definiendo una agenda social de cara al plebiscito que nos llevaría eventualmente a una nueva Constitución, cuando nos sorprende la pandemia y las prioridades pasan a ser otras. La crisis sanitaria remece la economía y el trabajo se torna en uno de los aspectos más preocupantes” – señala Marzi- y agrega que debido a la urgencia con la que había que reaccionar lo primero que hace el Ejecutivo es elaborar una ley de Teletrabajo que en estos días de abril comenzó a aplicarse. Sobre la normativa se pronuncia con recelo : “A mi entender esta nueva ley es fruto de un oportunismo político; hay en ella inconsistencias partiendo por el tema de la fiscalización que nos hacen preguntarnos quién en definitiva va a hacer valer lo que esta ley estipula; quién va a fiscalizar el resguardo de los derechos del trabajador”.

La fuerza sindical de Uruguay

Rosina Rossi, magistrada uruguaya, recogió el tema señalando que en su país el 13 de marzo se decreta el estado de emergencia sanitaria y días más tarde la obligación de iniciar el teletrabajo. “En Uruguay no existe ninguna regulación ni ninguna experiencia anterior a ésta de trabajo a distancia. Lo que se ha hecho es aplicar la misma legislación que rige para el trabajo directo / ordinario”, explicó.

Enseguida habló de la creación del “Fondo de Solidaridad COVIT-19” y de los impuestos asociados. También consideró pertinente mencionar la importancia que tiene en Uruguay el “diálogo social” que parte desde la creación en la década del 70 de un organismo tripartito: el Consejo Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo de Uruguay (CONASSAT)

“El propio Ejecutivo convocó a la CONASSAT para crear un plan de respuesta con medidas de implementación y protocolos sanitarios. Lo interesante es que a partir de estos acuerdos entre el Ejecutivo y la CONASSAT se estimula la negociación entre trabajadores y empleadores creando protocolos bipartitos, lo que resulta una experiencia muy positiva”.

Rossi se refirió luego al rol que ha cumplido en este trance el sindicato con mayor fuerza e incidencia que existe en Uruguay : el Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (SUNCA) fundado en 1958.

“El SUNCA posee una arraigada cultura de negociación sobre la base de la lealtad mutua, es decir hay un sector empleador en el ámbito de la construcción que siempre está dispuesto a negociar en buenos términos “, explicó la magistrada para extenderse a continuación en los pactos logrados. “Un primer acuerdo entre los dos sectores fue que los trabajadores tomaran una licencia extendida y su coste se asumió de manera tripartita : de los trabajadores, de los empleadores y del estado. Concluido el período de los 20 primeros días de aislamiento, las cámaras de la construcción uruguayas plantean la necesidad de volver a la faena y es así como de manera conjunta con el sindicato elaboran protocolos para retomar el trabajo presencial”.

Rossi observó que gracias a la experiencia del SUNCA “se pudo reinstalar el trabajo en la industria de la construcción con rigurosos protocolos lo que sirvió de ejemplo y pauta para otros sectores productivos “.

Italia: el reto del trauma económico

El tercer exponente de este encuentro virtual fue el Profesor Stefano Bellomo. Partió dando cuenta del shock económico que el Covit-19 ha provocado en su país dejando en claro que difícilmente el crudo escenario que ha vivido Italia (a la fecha con 177 mil persona infectadas y 25 mil fallecidos) pueda compararse con el de estados de América Latina. “Sinceramente pienso que el impacto de la pandemia sobre el sistema económico italiano tiene rasgos muy particulares que deben ser tomados en consideración a la hora de hacer un comparado con otras naciones” , sentenció.

“Hoy no sólo estamos preocupados por adoptar más medidas de protección de los derechos de los trabajadores , eso no es sólo el tema, a eso se suma el tema de salud económica de las industrias y empresas. Aún no se sabe cuántas empresas irán a la quiebra, cuál será el nivel del paro en Italia. Hay mucha incertidumbre”, señaló Bellomo.

El catedrático dejó en claro que en Italia el acento está puesto en propiciar una coparticipación del factor del trabajo con el factor de la empresa y es por ello que están pensando simultáneamente en ambos ámbitos. “Se trata de una modificación pactada de condiciones laborales, que permita a los trabajadores percibir ingresos y a la empresa sobrevivir, de acuerdo con sus posibilidades”

Respecto de las medidas de emergencia que adoptó su país señaló que como en otras naciones se hizo un viraje hacia la modalidad del “trabajo ágil” , una variante de lo que conocemos como teletrabajo cuyas características principales son rendir contra objetivos obviando, por ejemplo, no exigir cumplir horarios; alternando jornadas presenciales con trabajo a distancia. “Esto hace pensar en un cambio organizacional que podría promoverse con posterioridad a la pandemia. Está en estudio. Esta modalidad podría tener larga vida porque ha demostrado que se consigue mayor productividad laboral”.

El caso de Lombardía

Punto aparte en este valioso intercambio de experiencias mereció explicar la situación de la región de Lombardía, por lejos la más afectada en Italia, a raíz de una pregunta que la profesora Daniela Marzi le formuló al profesor Bellomo: ¿Cómo puede explicarse que se escapara de control la situación de contagio en Lombardía?

“Lombardía tiene una concentración muy fuerte de industrias grandes y medianas de fuerte competencia internacional. Son industrias exportadoras. Y fue así como al comienzo de la pandemia la gran preocupación de los sindicatos fue cómo equilibrar la proyección de la salud con preservar la sustentabilidad económica. A ellos les preocupaba perder la competitividad de sus industrias a nivel internacional. Hubo y hay un fuerte empuje a no parar la producción. Ellos saben que si una empresa flaquea rápidamente vendrá una empresa alemana, checa o de otra procedencia a sustituirla”, señaló Bellomo. Un relato que calza perfectamente con las palabras del primer ministro italiano, Guiseppe Conte, que a mediados del mes de marzo junto con reconocer que Italia enfrentaba “la crisis más difícil de posguerra” anunciaba : “ralentizaremos el motor productivo del país, pero no lo detendremos”.